El Vals de la revolución o como Ska-P conquistó México
- Ruy Martínez
- 20 oct 2016
- 3 Min. de lectura

Foto por: Rodrigo Díaz (revistakuadro.com)
Hace poco más de una década el ska dominaba la música en México, en la radio comercial sonaban Inspector y Panteón Rococó y en el Vive Latino se presentaban bandas como Skatalites o Desmond Deker. Esos tiempos pasaron, ya no hay masivos pro EZLN en Ciudad Universitaria y poco queda de bandas como Sekta Core o La Tremenda Korte, que hace una década eran la voz de una generación. Ska-P, sin embargo, parece inmune al olvido.
Un Palacio de los Deportes lleno de gente perteneciente a distintas generaciones (desde el quinceañero que los veía por primera vez hasta el ‘treintón’ que recordaba su juventud rebelde), mostró que, aunque el ska ya no tiene la fuerza que tenía diez años atrás, los españoles se cuecen aparte.
La Milixia, banda originaria de Costa Rica, abrió el concierto y aunque su ska-punk sonaba potente, no significó mucho a un público que apenas empezaba a llenar el Palacio. Los ticos rindieron tributo a Tijuana No con el cover de “Pobre de Ti”, logrando su único momento de conexión en tierras aztecas.
Ska-P tardó en salir, lo que dio tiempo a que el lugar se llenara hasta que no cupiera un alfiler. Media hora después de terminada la presentación de la banda telonera, las luces se apagaron, el público se unió en un grito ensordecedor, las primeras notas de “Full Gas” se escucharon, un viaje por veinte años de trayectoria comenzaba.
Tras un inicio con canciones como “Estampida” y “Niño Soldado”, “Abolición” sonó para recordar los tiempos de su primer disco, en los que el sonido de la banda era austero y las letras más simplonas; “Es torero matador el que no baile ska”, era la consigna de la banda hace 20 años. Otro recuerdo de los primeros tiempos vino con “Cannabis”, himno por la legalización de la mariguana que lanzó al grupo a la fama hace ya más de tres lustros.
Las consignas no se hicieron esperar y empezaron al dedicar “Se acabó” a los “43 estudiantes asesinados”, frase que el público replicó gritando: “Fuera Peña” y “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”. Inmediatamente después vino la segunda dedicatoria, esta vez a Carlo Giuliani, joven asesinado durante una manifestación en Italia, a lo que siguió una interpretación bilingüe (mitad español, mitad italiano) de “Solamente por pensar”.
La noche siguió, la revolución en su forma musical siguió desprendiendo consignas. “Israel es un estado asesino” gritó Pulpul antes de “Intifada”. “Ojalá llegue pronto la revolución bolivariana a este México corrupto” se escuchó antes de interpretar “El Libertador”, canción que la banda compuso a Hugo Chávez.
El momento más glorioso de la noche se dio cuando la frase “Orgulloso de estar entre el proletariado” dio inicio a “El vals del obrero”, himno del ska en español y de la música de protesta de los últimos quince años. Por los siguientes tres minutos la banda dejó de escucharse, la gente cantó con tal intensidad que los altavoces del Palacio no se dieron abasto. “Resistencia” fue el grito de guerra antes de ir al tedioso encore.
Al regresar tocaron una pequeña versión de “Cielito lindo”, para seguir con “El hombre resaka baila ska”, canción de su primer disco. “A la mierda” y “El gato López” siguieron logrando crear un slam que abarcó toda la pista del lugar. Llegaba el momento del famoso “Insistimos” con el que cierran sus presentaciones que en realidad forma parte de “El vals del obrero”.
“Resistencia y Desobediencia” fueron las consignas finales de un concierto en el que dos cosas fueron demostradas:
1. El ska sigue vivo
2. La revolución fue traída a ustedes por OCESA, así que aparten sus boletos en preventa exclusiva. ¿Qué sería del mundo sin contradicciones como ésta?
Publicado en: Revista Kuadro