Attaque 77: un sentimiento que no puede parar
- 11 nov 2016
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Foto por: Rodrigo Díaz (Revista Kuadro)
Nadie sabe a ciencia cierta el porqué, pero Attaque 77, una de las bandas más queridas por el público mexicano, llevaba siete años sin pisar nuestro país. De hecho, la última vez que vinieron todavía estaba Ciro Pertusi, integrante que dejó la banda hace más de un lustro. El ex-cuarteto, ahora convertido en trío, que en vivo en realidad es quinteto y hasta sexteto, logró llenar el Plaza Condesa y las expectativas del público.
“Ooohhh, soy de Attaque, es un sentimiento que no puedo parar” coreaban los asistentes, a modo de cántico de estadio, mientras la banda ocupaba su lugar en el escenario. “El cielo puede esperar” fue la elegida para abrir y que mejor que escoger un clásico para demostrar que la voz de Mariano puede suplir a la perfección a la de Ciro. Al terminar la primera canción, las luces se prendieron, los cánticos subieron de volumen y las banderas se alzaron. En el escenario, cinco “pibes” de cuarenta años, lucían emocionados. Sin decir nada, la banda siguió, “Vacaciones permanentes” y “Western” desgarraron las gargantas de los asistentes. Antes de “Gil”, Mariano recordó que esa canción la habían escrito cuando tenían quince años, y se nota “Gil, tu mujer se encamó con un pitufo”, es una letra claramente infantil, sin que eso se entienda como algo malo.
Después, el quinteto se convirtió en sexteto, uniéndose un sax para interpretar “El Jorobadito”, canción original de Los Auténticos Decadentes. Tras “Chicos y perros” siguió otro cover, esta vez fue “Amigo”, canción dedicada al Papa, que fue coreada por cada uno de los asistentes. Éxito tras éxito, la banda no paraba de emocionar a su gente, “Canción inútil”, “Cambios” y “Antihumano” desgarraban gargantas.
Otro momento a destacar fue cuando la banda acompañó al público, musicalizando sus cánticos con el, ya tradicional “Soy de Attaque“, algo que ocurre en cada concierto que dan los argentinos, pero que no deja ser emotivo.
“Ska del éxodo” y “Setentistas” siguieron y nadie paraba de cantar. Pero lo mejor estaba por venir, “Espadas y serpientes”, “Chance”, “Hacelo por mí” y “Beatle”, le dieron el toque romántico a la noche, punks enamorados había en El Plaza.
Siguió el encore, esos minutos que sirven para comprar chela o ir al baño, o ambas. Regresaron al escenario para cerrar con todo. Reanudaron donde se quedaron, en el romance. “Arrancacorazones” le hizo honor a su nombre. Después, la energía regresó a la banda, “Dame fuego” revivió los brincos y “Donde las águilas se atreven” revivió los cánticos dando paso a la última de la noche, la esperada “No me arrepiento”, un cierre espectacular.
Un show épico fue el que dio Attaque 77, sólo manchado por unos pocos miembros del público que se pelearon logrando que la banda parara el show unos minutos e incluso hubo personas en estado de ebriedad, que no tenían boleto, y que, en su intento de entrar al lugar, rompieron un vidrio de la entrada de El Plaza tras lanzar botellas de cerveza en contra de los encargados de seguridad. Estas personas forman parte del viejo público de la banda que pensando que están en el viejo Tarará. Miembros, además de las “barras” que apoyan a los equipos de fútbol de nuestra ciudad, en específico a Pumas y América. Es una lástima que gente así siga asistiendo a los conciertos, poniendo en riesgo a los que sí van a disfrutar de la banda.
Publicado por: Revista Kuadro

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